Archivos Mensuales: diciembre 2011

Quiero ser irresponsable, como Juan Carlos

Llevo varios meses pensando en la responsabilidad que tenemos los profesores de Periodismo en la crisis de la profesión. Y la verdad es que no llego a ninguna conclusión positiva respecto a nuestro papel en toda esta precariedad escandalosa y creciente.

Las cifras de destrucción de empleo en el sector son impías, de una magnitud descomunal. Desde 2005, hay casi 7.000 periodistas más en paro, según el Informe Anual de la Profesión Periodística 2011 de la Asociación de la Prensa de Madrid. El periodista Juan Caño se atrevió hace unas semanas a dar una cifra difícil y clave en todo este asunto: actualmente hay 19.000 estudiantes de Periodismo, mientras que solo salen al año 600 puestos de trabajo. La ley de la oferta y la demanda no permite excepciones, y en este caso, tampoco. Al haber tanto excedente de mano de obra, las condiciones de contratación son denigrantes: trabajar sin estar dado de alta en la Seguridad Social, por un sueldo mínimo y con una beca que se alarga hasta límites ilegales («¿no puedes matricularte en la UNED para seguir trabajando con nosotros?») por trescientos euros al mes, con mucha suerte. Un periodismo low cost sin visos de desaparecer.

Solo en la Comunidad de Madrid la carrera de Periodismo, que yo sepa, se imparte en nueve universidades: tres públicas (Complutense, Carlos III y Rey Juan Carlos) y seis privadas o concertadas (Villanueva, Europea, CEU San Pablo, Francisco de Vitoria, Nebrija y Camilo José Cela). Después están las universidades a distancias como la UDIMA o la UNIR y, por último, los másteres de los medios de comunicación, que te convierten en periodista en solo seis meses si puedes pagar diez mil euros, o más, por ello.

¿Conclusión? Hay demasiados periodistas. Por eso, cuando en mi departamento me comunicaron hace unos días que el año que viene iban a comenzar otro nuevo grado de Periodismo, en este caso, un doble grado (Periodismo y LADE), por la «creciente demanda», al contrario que algunos de mis compañeros, que se pusieron muy contentos porque eso asegura la continuidad de sus contratos temporales, como el mío, yo me sentí mal, en gran parte culpable por esta difícil situación.

Foto de Mike Bailey-Gates

¿Qué sentido tiene enseñar Periodismo para dirigirles directamente a las listas del INEM o a la barra de un bar? Un compañero decía que la culpa no es nuestra, es suya por elegir esta carrera. Yo le contraargumentaba que no, que con 17 años no sabes qué quieres y no eres consciente de cómo está el mundo laboral. A no ser que estudies en un instituto de calidad, el orientador del centro, si es que existe, no hará más que darte un puñado de fichas esquemáticas de las carreras (como ocurrió en mi caso) en respuesta a tus dudas existenciales y destacar la importancia de poseer un título universitario, sea el que sea, como si fuera un gran tesoro. No. Los estudiantes no tienen la culpa.

Otro compañero del departamento me explicaba que, al menos, con esta carrera pueden trabajar en otros campos. «Si estudian Medicina, es difícil que después puedan trabajar en otros sectores porque no saben nada de otros temas. En nuestro caso, al menos, se pueden ir hacia el Marketing o cualquier tipo de trabajo donde pidan licenciados en Ciencias Sociales».

Yo me fui de la profesión en julio de 2008, al comienzo de esta crisis. Trabajaba en un periódico serio, con contrato y mis jefes valoraban lo que hacía. Era afortunada. Sin embargo, los horarios maratonianos y la temática en la que caí (porque elegir especialidad en el Periodismo es otra gran utopía, si quieres que te paguen por ello) no iban conmigo. Por eso, tras año y medio, decidí dedicarme a mi otra gran pasión: la enseñanza.

Y ahora, tras muchas peleas y sacrificios, doy clases de Periodismo en una universidad pública de Madrid a chicos y chicas con la moral por los suelos, tristes y apáticos porque ven que no podrán dedicarse a eso que tanto les gusta y con lo que soñaron de pequeños. Tratas de animarles, de que sean optimistas, de que se cosan en la mente «querer es poder», de que si son buenos y luchadores, llegarán donde quieran, aunque sabes que en esta profesión la valía profesional no convierte becas en contratos de trabajo. Y mientras tanto, al llegar a fin de mes cobras un sueldo decente por formar periodistas que en la mayoría de los casos no ejercerán como tales. Y te sientes mal y quieres huir a una cabaña de Islandia con un perro grande y suave, donde seas completamente irresponsable, como Juan Carlos.

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