Archivos Mensuales: abril 2012

Mujer árbol

Últimamente no hago más que toparme con mujeres árbol. No sé si será por la primavera o porque proyecto en todo lo que veo y leo mi amor por las amapolas y demás flores y elementos de la naturaleza o porque quiero ser una de ellas. Sea por el motivo que sea, el hecho es que estas mujeres últimamente me persiguen, de un modo violentamente delicioso. El último relato del blog de mi amigo Fer, Todos somos contingentes, por ejemplo, tiene a una de estas jóvenes como protagonista. La imagen con la que lo ilustra es una sugerente fotografía de la artista rusa Natasha Gudermane, que pertenece a su serie Mademoiselles: retratos íntimos de parisinas. Reproduzco el relato, titulado “Primavera”, a continuación.

Se levantó y, todavía desnuda, se subió a la silla del estudio y miró por la ventana de su habitación. Al otro lado de la calle habían plantado varios árboles, unos plátanos que invadían de sombra toda la acera, incluida la terraza del bar de abajo.
– Qué lástima.
Le gustaba tomar el vermut de los domingos en aquel bar y le pareció indignante aquella invasión de la naturaleza
o de la artificialidad natural, más bien, porque los plátanos gozaban de formas extrañamente homogéneas; mucha mano del hombre se veía ahí
Maldijo un poco todo lo verde, todo lo que daba sombra, y, por unos segundos, odió los árboles, las plantas y hasta los arbustos de monte. Bajito, pero lo hizo.
Y entonces fue que le vino el retortijón violento, de tal intensidad que no tuvo otro remedio que bajar de la silla y ponerse de cuclillas. No había conocido jamás aquel dolor. Era como si unos cristales pequeñitos se desintegraran en los ovarios y luego recorrieran todos los intestinos para fundirse en el estómago.
Creyó perder la conciencia por un instante, justo antes de sentir el alivio, justo antes de dejar de luchar y derrumbarse, en el mismo momento en que una extraña hiedra comenzó a brotarle del cuerpo y se le quedaba pegada en la piel, desde el cuello hasta el final de la espalda, por los pechos y hasta el pubis.
Cuando todo terminó, se levantó de nuevo, todavía desnuda. Se subió a la silla del estudio y miró por la ventana de su habitación.
Al otro lado de la calle habían plantado unos árboles.
– Qué bonitos.

Al terminar de leer el texto, me vino a la cabeza de manera automática esta fotografía, collage o ilustración, no sé cómo llamarla, que descubrí hace unos días, de Inga Birgisdóttir. La joven de la imagen es la cantante islandesa Sóley.

El relato de Fer y la obra de Inga me llevaron al pasado. Recordé un cuento que leí hace un par de años de Pilar Adón titulado “El infinito verde”, que formaba parte de su obra El mes más cruel. Recuerdo que, tras conocer a Pilar a raíz de una entrevista que le hice en Koult sobre su libro de relatos, me topé con una ilustración de otra mujer árbol, de Pawel Jonca, que me llevaba irremediablemente a Sofía, la protagonista de “El infinito verde”. Compartí mi hallazgo con Pilar, que no dudó en creer como yo que esa joven podría ser su Sofía. Aunque quizá era yo… No obstante, si pudiese elegir, me gustaría ser esta mujer arbol, de Frau Natur mit Vögeln.

P.D.: la autora del blog para perderse y volverse a perder Mujeres extrañas que valen un viaje, aka La Pequeña Delirio o Reino Hueco, me mandó anoche (22/04/2012) otra deliciosa mujer árbol, más sensual que todas las anteriores, con amapolas entre sus muslos. Su autora es nuestra amiga Natasha Gudermane.

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